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jueves, 17 de noviembre de 2011

NO soy Michael

Estoy afónica.  No un poco afónica, no. MUY afónica. Llevo afónica desde el sábado por la tarde y lo estaré hasta el próximo sábado por la mañana, con suerte. Para mi desgracia, mi falta de voz no se debe a ninguna bacanal, sino a que tengo nódulos en las cuerdas vocales y se me va la voz a la mínima que la use un pelín más de lo habitual.  Os explico así rapidito y en cristiano que es esto de los nódulos:
Las cuerdas vocales son dos membranas que están en la laringe (justo al principio de la tráquea, en el interior del cuello) que trabajan de manera similar a cuando estiramos la boca de un globo y dejamos salir el aire. ¿Verdad que hace un sonido agudo? Pues las cuerdas vocales igual,  solo que podemos regular cuán grave es el sonido que emitimos según las membranas estén mas tensas o mas relajadas. Cuando se cierran las cuerdas vocales, el aire choca contra ellas, las hace vibrar y produce el sonido, nuestra voz. En realidad, si vierais una foto, pensaríais que más que un globo, parece una vagina (dicho esto,  ya podéis borrar esta idea rara de que tenemos una vagina en la laringe).  Pues bien, los nódulos son bultitos que salen sobre los bordes de estas membranas de manera simétrica (uno en cada membrana) y que impiden que cierren como deberían. Cuanto más y peor usas la voz, más se inflaman y más aspirada suena, e incluso se hace imposible producir determinados sonidos.  Para eliminarlos hace falta cambiar de hábitos respiratorios y economizar el uso de la voz. Conclusión: no sé respirar. Bueno, ahora ya sabéis lo que son los nódulos. Nunca te acostarás sin saber una cosa más.
El rollo este venía a que estoy afónica, MUY afónica. Tanto que ayer no podía coger el teléfono porque no me oían al otro lado. Como viene siendo tradición, ha sido motivo de bromitas genuinamente inglesas, pero eso lo llevo con estoicidad. Peor ha sido lo de hoy. He cogido el teléfono y no solo no me han reconocido, sino que mi interlocutor primero me ha preguntado si era Michael y luego me ha pedido hablar con Isabel. Ole la Sole.  

martes, 15 de noviembre de 2011

Aeropuertos y aviones

A mi me encantaban los aeropuertos. Recuerdo que en la que ahora es la terminal 2  del de Barcelona se colaban gorriones y yo miraba como los aviones aterrizaban y despegaban mientras esperábamos a que abrieran la puerta de embarque. Y paseábamos por las tiendas con mamá. Era una experiencia guay.
Por desgracia y como todos sabemos, el asunto “coger-un-avión” se ha convertido en uno de los peores dolores de cabeza que existen en este mundo.  Primero hay que desembolsar 50 eurazos porque la maleta que facturas pesa 22,5 kg y no 22kg, y eso que ya habías pagado otros 20 por el simple hecho de que la pongan en la bodega del avión y encima, la señorita de detrás del mostrador se muestra absolutamente desagradable e inclemente. Oiga,  ¿le importaría al menos ponerle una sonrisa, para que no me duela tanto la puñalada trapera que me acaba de clavar? Luego toca el ritual de pasar por el detector de metales: fuera cinturones, anillos, zapatos, hay que sacar el ordenador de su funda y ponerlo en una bandeja a parte y acabas arrastrando la maleta de mano con una mano (valga la redundancia) y cargando dos bandejitas en la otra y una tercera en la cabeza, al más puro estilo malabarista. Todo este tinglado para que luego el detector pite igualmente y venga la señora a meterte mano y no encontrar nada. Precisamente hoy has decidido dejar en casa el revólver que sueles llevar en el bolsillo, ¿verdad? Y evidentemente, no has puesto los líquidos en una bolsita y te los hacen sacar de la maleta, comprar una bolsita de plástico que con lo que vale ya podría ser de oro, meter los envases en la dichosa bolsa y volver a pasarlo todo por la maquinita. Total para, de nuevo, no encontrar armas ni cócteles molotov. Y ser tratada como ganado. Y cuando al fin estas dentro de la terminal y ves que tu vuelo se ha retrasado una hora y media, te apetece comer algo. Y te cobran 6 euros por un trozo de pan seco y un pedazo de jamón malo. Ya no solo no está untado con tomate el pan, sino que encima, por no poner no le han puesto ni aceite. De poco se olvidan el jamón. Peeero la tortura no acaba allí porque, como digo, el vuelo lleva retraso. Y evidentemente, nadie sabe nada al respecto. Y no sabes cuanto tiempo vas a tener que esperar, o siquiera si tu vuelo va a despegar. Y cuando al fin vas a pasar el control de justo antes de entrar en el avión te hacen embutir el bolso dentro de la maleta, si total, todo el mundo lo vuelve a sacar una vez dentro. Y cuando estas allí, y ya has liberado el bolsito de la presión de las cremalleras y al fin te sientas, no sabes muy bien como colocarte para que no te duela la espalda. Y cuando ya has despegado no te dejan dormir ni leer tranquila, porque pasan con el carrito cada cinco minutos para venderte hasta a sus abuelas. Eso sí, a precio de diamante.

Antes volar era emocionante. Ahora casi preferiría que quitaran un ojo con una cuchara. Qué desgracia que sea imprescindible con tanta asiduidad. ¿Para cuando la tele transportación?
En cualquier caso, voy a ser multimillonaria y me compraré un jet privado. Quizás con dedicarme a la política ya valga.

viernes, 7 de octubre de 2011

Sobre la lluvia y mi mala pata

For the record, he mejorado mucho al volante. No me ha pasado nada, y eso que conduzco una media de 3 horas diarias. Ni la lluvia puede conmigo. Sí, llueve. Esta tarde, mucho. Cats and dogs, pouring rain, pitchforks, a mares, a cántaros, chuzos de punta.  Pero volvía yo en mi coche hacia casa por la M25, cruzando Dartford crossing (que es un puente la mar de largo que pasa por encima del Támesis), cuando se han apartado las nubes y ha aparecido un perfecto y precioso arcoíris. Y yo iba en mi coche con la radio a TODO volumen cantando y bailando como una posesa. Y no he podido más que ponerme a reír, ha sido uno de esos milisegundos en la vida de uno, en los que sientes que vas a estallar de felicidad.

Y ahora pasemos a cosas más mundanas. Ayer por la mañana hice mucho el ridículo. MUCHO. Resulta que aquí donde vivo, la basura no se tira en contenedores gigantes que recoge el ayuntamiento cada noche. Cada vecino tiene un minicontenedor en su casa, y va acumulando ahí las bolsas hasta que llega el miércoles por la noche de cada dos semanas. Entonces, los vecinos sacan sus contenedores a la calle, y el jueves por la mañana, a eso de las 8, viene el camión de la basura, vacía los cubos, los limpia y lo sitúa delante de la casa correspondiente (es que están marcados, como la ropa de los niños en los campamentos). La cuestión es que yo olvidé sacarlo el miércoles, y cuando salí de casa el jueves para ir al trabajo, me encontré al basurero limpiando los contenedores de mis vecinos. “MIERDA”, pensé, “¡MIERDA! ¡MIERDA! Llego tarde y como no saque ahora el contenedor, la basura va a entrar en putrefacción y no la sacarán hasta dentro de otros 15 días 
¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡MIERDA!” – sepa el lector que el miércoles anterior también me había olvidado-. Así que entré otra vez en casa, con mucha prisa, me di de bruces contra el cristal de la puerta corredera del jardín (eso no lo vio más que el gato del de al lado, que se cuela), abrí la puerta con un chichón en la cabeza, salí, cogí el contenedor y abrí la puerta del jardín hacia la calle para sacarlo fuera - con el pié-, con la mala pata de que cuando lo estaba sacando, se me cayó. Y no solo se me cayó, se abrió y se desparramaron las bolsas, y resulta que una estaba abierta. Pero no solo eso. Luego me tropecé con el cubo y caí JUSTO encima de toda la basura. OLÉ. Os podéis imaginar la reacción del basurero. No se rió conmigo, se rió de mí. Y yo me reí con él. De mí. 
Y nada, ducha, cambio y 30 minutos tarde al trabajo. Colorín colorado.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Primeros días

Esto llega un poco tarde, y por lo tanto hay bastante que contar.  Então…. Primero os sitúo:
Estoy trabajando en el Reino Unido, en una distribuidora de productos de caducidad temprana.  Tres días a la semana trabajo en el condado de Kent, y dos en London.  Digo que trabajo en el condado de Kent y no soy más explícita porque en este momento mi oficina está en el Puerto de Sheerness, pero nos mudamos el lunes a Canterbury. Therefore, vivo en un pueblecito llamado Sittingbourne (que está igual de lejos –o de cerca- de un lugar que del otro) tres días a la semana, y en la capital otros 4. Y lo más importante y osado: tengo coche.  
Es una pena que nos vayamos de aquí, porque el “dock” es precioso. A ver…precioso si lo miras desde una perspectiva  industrial, me refiero. La cuestión es que hay enooooooormes barcos que vienen a  descargar todo tipo de mercancías, y enoooooormes grúas que retiran los contenedores y centenares de personas que conducen carretillas elevadoras, aquello que en los almacenes llaman “toros” porque tienen como dos cuernos que levantan  los palés (os he puesto un link a Wikipedia por si no sabéis lo que son) y apilan las cajas. El Olimpo de la planificación,  logística y el supply chain management. Estoy enamorada.  
Bueno va, empiezo. Llegué al Reino Unido el viernes pasado, acompañada de mamá. Evidentemente, no nos vinimos a Kent. Nos quedamos en Londres e hicimos eso que se espera de dos europeas que van a Londres: ir de compras. También visitamos el parlamento porque a ella le cogió un ataque de culpabilidad y una necesidad imperiosa de sentir que estaba hacienda algo más que comprar (qué terrible sentimiento), pero ni una cosa ni la otra tienen mayor importancia.
El lunes vinimos a Sittingbourne para  deshacer maletas, hacer la compra… pero sobretodo, para conducir. ¡Hay que ver! No hace ni 10 días que me he sacado el carné de conducir y no se me ocurre otra cosa que irme al único país de Europa donde conducen por el otro lado. No sería un problema si no necesitara el coche…pero es que sí lo necesito.
Es evidente que el hecho de conducir por la izquierda es en sí mismo un hándicap, pero no es, ni de lejos, lo peor. Lo peor es, sin duda alguna, tener la otra mitad del coche a la izquierda. A conducir por ese lado te acostumbras rapidinho: las rotondas las cojo por el lado que toca sin mayor dificultad, no me he puesto contra dirección en ningún momento y lo cierto es que la señalización es impecable. Hay que agradecer la consideración de los ingleses hacia los continentales: cada pocos metros hay flechecitas que te recuerdan cuál es el lado de la vía por el que debes circular. Tener el cambio de marchas al otro lado tampoco es demasiado problemático.
Lo que decía, que aun no he interiorizado que el volumen del coche esta a mi izquierda, y no a mi derecha. Total, que aparcar es una autentica pesadilla… y voy comiéndome retrovisores y bordillos por doquier. Calcular las distancias ya era complicado para mí en circunstancias normales, y ahora que el retrovisor interior mira hacia el otro lado lo es todavía mas.  Pero aún no le he hecho ni una sola ralla a mi Citroen Xsara Picasso granate. Si, un coche muy de familia.
Leslie, una señora que trabaja en mi empresa, viene a recogerme todas las mañanas y me guía hasta la oficina (ella en su coche, yo en el mío) y me cuida como si fuera mi madre. Se ocupa de que todo en mi casa funcione bien, que no me falte nada, que tenga móvil, me enseñó el puerto… una monada de mujer. El primer día llovía (que raaaaroooo – aunque a título informativo os diré que estamos teniendo una semana bloody sunny) y yo no sabía como poner los limpiaparabrisas y el embrague se me enganchaba con la alfombrilla y…fueron los peores 10 minutos de mi vida, pero sigo viva. Y ayer conduje yo sola de verdad (sin nadie de copiloto y ningún coche delante que me hiciera de lazarillo) hasta el supermercado y volví de noche. Y supe poner las luces –que no sabía- y sobreviví.  Pasé un poquito de miedo, pero sobreviví.

Otro día os cuento qué tal en la oficina, que no tiene desperdicio.  Y habrá también un post sobre mi casita.

Bon vent!

martes, 31 de mayo de 2011

Varios sinsentidos

Hace cosa de un mes y medio o dos que están reformando el piso de al lado. Y no sé exactamente qué es lo que estarán haciendo, pero por lo visto necesitan martillos percutores. Y qué mejor hora que ponerlos en funcionamiento que las 8.00 de la mañana, ¿verdad? Lo gracioso es que sólo los usan hasta las 10. Y ahí es donde me pregunto… ¿Por qué narices no empiezan a las 10 y percuten hasta las 12, eh?  Mi madre estará pensando al leer esto “ya te va bien, hija, así te despiertas prontito”. No, Mami, no. Lo cierto es que entra tantísima luz en mi habitación por la mañana –otro sinsentido al que me referiré más adelante-, que estoy en pie cada día a las 7, haya o no haya salido la noche anterior. Es que no tengo persianas ni cortinas. Y no las voy a comprar para 5 meses. “Entonces, cómprate un antifaz” estaréis pensando…Lo hice, os respondo, pero me aprieta la cabeza, huele a avión y es tremendamente incómodo, casi prefiero despertarme a las 7. La cuestión es que el ruido es de lo más molesto estés despierta o dormida. Desayunar con resaca y el incesante martilleo de los c*** es de las peores sensaciones de la historia. Pero tengo solución: Encontré la caja de los plomos del edificio. Me voy a plantar allí un día de estos a las 8 y voy a dejar al edificio sin luz. Espero que tarden en encontrar el problema al menos el tiempo suficiente para poder desayunar tranquila.


Siguiente sinsentido: La hora. Señores, en Brasil amanece a las 4 y anochece a las 17.30. No kidding. Y a mí se me plantea la misma pregunta que a vosotros… ¿No se les ha pasado por la cabeza ajustar la hora? Parece que no. Por favor, señores brasileños encargados de tales asuntos, háganlo. Nadie necesita que sea de día por la mañana, pero la luz por la tarde es absolutamente imprescindible. Que el Sol se vaya a las 5 me está causando problemas psicológicos. A mí y a todos los habitantes de este país, se lo prometo.

Otro… este es más short scope, pero no por ello menos idiota. Resulta que para entrar en la biblioteca de mi universidad es OBLIGATORIO dejar bolso, funda del ordenador y parecidos en una taquilla… ¡Pero aaaaaah amigo! Sólo hay 80 taquillas, y debe haber 200 sillas en la biblioteca. ¿Qué pasa si todas las taquillas están llenas? FÁCIL, ¡No puedes entrar! Entonces… ¿Si le enseño al portero que no llevo comida, ni bebida, ni objetos inflamables, ni cócteles molotov en el bolso y me comprometo a no robar ningún libro…puedo entrar? ¡Que no, leñe! ¡He dicho que no! Total, que así estamos.


¡Más! Cuando uno se sube a un autobús para ir a donde sea, al volver, NUNCA debe coger el mismo autobús en dirección opuesta. Porque  de hacerlo así, no va a llegar al lugar desde donde partió. Tiene su gracia. Así que cuando buscas instrucciones en google maps –o en sptrans, la versión paulista de la web del tmb-, debes buscarlas para los dos sentidos, ida y vuelta. Voy a añadir que coger autobuses en São Paulo es toda una aventura. Es como subirse a una montaña rusa, sólo que compartes cochecito con un montoooon de gente. Y hay un/a señor/a que se dedica exclusivamente a cobrar el ticket.


Lo siguiente lo mencioné ya en esta entrada, pero lo repito: A pesar de ser uno de los mayores productores de café, no saben prepararlo. 


Oh! No puedo dejar de referirme al tremendísimo bañador tipo "fardahuevos". Es el más usado entre los Brasileños. Una va tranquilamente a la playa y se encuentra por todas partes con esta aberración de la moda de baño. ¿Nadie les ha contado que es lo más antisexy del universo? Chico, si quieres que las piernas se te tuesten, arremángate las bermudas, pero no vayas por el mundo con esos estilismos de playa, por el bien de la humanidad. Y por tu propia dignidad. 

Y tantas otras incongruencias que salan mi existencia en este fantástico país de locos. Cuando digo fantástico, lo digo de veras. Aunque pueda parecerlo, no es una ironía.
Pero señores, this is Brazil. Si las cosas tuvieran sentido sería que estoy en Alemania. La vida aquí es más entretenida.


Un poco de música genial, va. Notad que, como he dicho,  los hombres llevan "fardahuevos". Dentro vídeo:



domingo, 22 de mayo de 2011

Portugués para hispanohablantes idiotas

Circunstancias de la vida, mi humor y yo no hemos estado muy por la labor de manteneros informados. Lo cierto es que, debido a acontecimientos que no vienen al caso, mi existencia ha adolecido encefalograma plano estas últimas semanas. Mi tiempo ha trascurrido bastante entre té, tabaco y libros. No siempre juntos, no siempre sola. La cuestión es que no he hecho nada que merezca –o deba- ser escrito, así que eso. 
En realidad, ayer NO fui a una fiesta que SÍ lo hubiera merecido. Así que hoy NO tengo experiencia que contaros. Por eso voy a daros una clase de portugués.
Pero antes voy a contaros un poco sobre la fiesta y el motivo por el cual no fui, para no dejaros con la duda.
No fui porque, por si aún no lo habéis deducido, soy un desastrillo. Y como buen desastrillo, perdí la entrada –me di cuenta cuando ya estaba vestida, pintada y acicalada (esta palabra me encanta). Comprar la entrada en la puerta de nuevo hubieran sido como 200R$, a lo que hubiera tenido que sumarle gastos de transporte –taxi, vaya- y blablablá…además llevo –llevaba- unos días sin tomar mis pastillas de hierro, lo que me provoca algo así como profundo cansancio sostenido, sumado a mi situación psicológica desanimada… y eso, que no tenía yo el cuerpo para mucha fiesta. Así que decidí que no iba a ir. Fui al copeo toda mona y luego a la camita. Me pareció buena idea entonces, reconozco que me arrepiento. Por lo visto fue algo parecido a Sodoma y Gomorra. Si me arrepiento de no haber ido no es sólo porque podría haber recuperado mi inversión en forma de descomunales dosis de alcohol o porque quisiera haber sido partícipe de tan lujurioso espectáculo, sino porque de haber estado allí, podría haber sido testigo de muchas de las situaciones que ahora mis amigos me cuentan y que tengo que escuchar con fingida impasividad, como si no me estuviera dando dentera.
Podría haber resumido las dos últimas oraciones en una palabra: envidia. Pero me gusta la rimbombancia. Por cierto, no estoy sumida en ninguna depresión, que nadie se alarme.
La cuestión es que no fui. Y si hubiera ido podría estar contándoos como de enooorme era el local o lo salidos que iban los hombres en general – huelga decir que ese es el estado natural del 80% de los machos brasileños-  o lo alarmantemente cortas que son las faldas de las brasileñas o como fui testigo de una pelea de chicas en el baño o como de bien sienta que saquen desayuno a las 7 de la mañana. Pero no. Así que allá vamos:

Portugués para hispanohablantes idiotas. Lección 1.
                                  
El español y el portugués comparten el 80% del vocabulario. Pero no os emocionéis, que suena más bonito de lo que en realidad es. Para hablar portugués uno tiene que trasladarse como 400 años en la historia de la lengua española. Me refiero a que en portugués usan palabras que podríamos catalogar como  vocablos en desuso del español. Venga, ejemplitos, que eso ayuda a interiorizar conceptos:

-          Achar.  Significa creer, pensar (en sus acepciones más dubitativas. No dicen “Eu acho em Deus”, eso suena rarísimo) o decir (conjugado en condicional) y se parece mucho a nuestro fantástico hallar (pronunciado por un argentino), que ya no usa ni Peter y que para nosotros significa encontrar. Nótese que en catalán sí se usa trobar.
Eu acho que você é muito legal à Creo que molas mucho.
Você tem as minhas chaves? Acho que tenho à ¿Tienes mis llaves? Diría que sí
A gente acha que é melhor assim à Pensamos que es mejor así.
[A gente = nosotros]
-          Precisar. Vale, este no se trata de un arcaísmo en toda regla pero… ¿teniendo “necesitar” quien usa “precisar”? Los brasileños.
… y tantos otros que ahora no recuerdo.

Portugués para hispanohablantes idiotas. Lección 2.

Si el español antiguo no funciona, usa el catalán o las pocas nociones de italiano que tengas. Ejemplos:

-          Agujero en catalán es forat. En portugués es furo.
-          Lençóisà Llençols. Sábanas.
-          Joelhoà Genoll. Rodilla.
-          Grosso à Grosso en italiano. Grueso.
-          Fome à Fam. Hambre.
...etc, etc, etc.


Portugués para hispanohablantes idiotas. Lección 3.

Llega el capítulo de la dicción.
·         En portugués la ele existe pocas veces. Isabel es Isabeu, legal es legau, filme se pronuncia fiumi.
·         Esa es otra: la “e” final la cambian por una “i”, o simplemente no la pronuncian. Boa noite à Boa noich. Bifeà Bifi
·         La “o” a final de palabra se pronuncia “u”: Tenho à Tenhu. Trabalho à Traballu.
·         Pocas des son des como Dios manda. Las transforman en ges. Faculdadeà Facuudagi. Direitoà Gireitu.
·         ão: “a” super nasal (tienes que notar que te vibra la pituitaria) seguida muy rápidamente de una “u”. El diptongo brasileño por antonomasia.  Locacão à Locasau. Joãozinho à Xuauzinhu. Opçãoà Opsau
·         Si hay una sola erre, se pronuncia como en inglés, sin baterla contra el paladar. Si hay dos o la erre está a final o inicio de palabra, se pronuncia como en francés, desde la garganta.

Y esto es todo por hoy amigos. De regalo,  os dejo unas pocas locuciones de lo más útiles para la vida diaria en Brasil.


-          Oi! à Es algo así como hola. Puedes decirlo al teléfono, solo para llamar la atención de alguien o para sustituir tan típico saludo.
-          Tudo Bem? à Literalmente –como supongo que habréis entendido solitos- significa “¿Todo bien?” pero es más bien como un “¿Qué tal?”. Lo que dicen al saludar. Hay un gran surtido de opciones para responder. Allá van algunas:
o    Tudo bom!
o    Beleza!
o    Tudo tranqüilo!
o    Ótimo!
o    Com saúde!
o    Valeu!
o    Joia!
o    Tudo certo!
...y tantas otras. Nunca responden lo mismo que se les pregunta, por mucho que lo intentes.
-          Porra! à ¡Mierda!
-          Isso! à ¡Esto! (como… ¡a eso me refería!)
-          Com certeza à Seguro.
-          Fica a bondadeà Como si estuvieras en tu casa, tanto como quieras, dispón.
-          Não acredito! à ¡No me lo creo!
-          Vai se foder! (Fodase!) à ¡Que te jodan!
-          Pra caramba/caralho à Más que mucho. Ej. Foi engraçado pra caramba (Fue muy, muy divertido. Divertido de cojones, vaya).
-          Moço(a)/Menino(a)/Garoto(a)/Garotinho(a)... à chico(a).

Otra cosa curiosa es  que a los brasileños les gusta mucho la redundancia. No responden “sí” a las cosas, sino que usan el verbo que acabas de utilizar para formular tu pregunta. Les preguntas… “¿Você gosta do suco de maçã?” Y uno espera que le digan “sim” o “não”. Pues ellos, más chulos que un ocho, te responden...”gosto”
Y en cuanto a ortografía…desaprende lo que aprendiste en el colegio. En portugués, delante de r…v (Livro), por ejemplo.


Enough for today. Aquí estamos todos locos.

martes, 11 de enero de 2011

Documentarse es importante II: La samba y el carnaval

 El origen de la samba es africano y se hizo famosa por el carnaval de Río. Al contrario de lo que todos creíamos (entre los que como veis, me incluyo), no es UN baile, son muchos. Hay 100 modalidades de samba, nenes. Y todos proceden de los bailes rituales bantús aderezados con influencias europeas, especialmente a partir de la abolición de la esclavitud en Brasil. Eso fue como en 1888, que por cierto, es un número muy bonito.
A pesar del origen cristiano del carnaval, éste es celebrado como una fiesta más bien profana. Y tan profana. Cientos de miles de personas dándole a la bebida y sudando –literalmente- lujuria. Seguro que a Dios le encanta el pitote, me apuesto un ovario. Imaginaos poder ver el asunto desde las alturas. Si Dios es hombre, seguro que lo pasa de lujo, con tanta mujer y tan poca ropa. Tengo que reconocer que tanta pluma me da un poquitín de vergüenza ajena, y me dan ganas de estornudar, espero que estén esterilizadas.
En Sao Paulo y en Río es donde se montan los mayores saraos (aunque por lo visto el más divertido es el de Bahía), las escuelas de samba y las bandas toman la ciudad. Todas estas cosas no las digo por inspiración divina (¿por qué no puedo dejar de mencionar a Dios?), sino que le he estado preguntando a mi amado Mr.Google y me acaba de contar que esta gente (los de las escuelas de samba y las bandas) se pasan el año entero ensayando para el carnaval. Y no cobran, pagan. No voy a hacer comentarios previsibles al respecto, que juzgue cada cual.
Este año el carnaval se celebra entre el 5 y el 8 de Marzo, lo que me viene al pelo, porque justo el 5 llego de un viaje por el norte de Brasil.
Hoy cortito. Os iba a poner un video del carnaval, pero todos son una horterada, así que os dejo una foto para que se os pongan los dientes largos igualmente:


Ahora que releo lo que acabo de escribir me da la sensación de que cualquiera que me lea y no me conozca lo suficiente va a pensar que vivo la vida con desgana. Que quede claro que no es así. Es que tengo gripe, pero sobreviviré.

Ya basta. Otro día más.