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viernes, 8 de abril de 2011

Ilha grande y aventura hasta Rio

Jaime llegó el martes muy prontito por la mañana. Juan se lo llevó a ver Ibirapuera y la zona de Oscar Freire (la calle más cara de SP) mientras yo hacía otras cosas y esa noche tuvimos a los franceses con los que me voy de roadtrip a cenar. Les hice crema de calabaza, ensalada y roastbeef con cebolla caramelizada y puré de manzana, y los 5 me pidieron matrimonio al acabar de comer, para que os hagáis una idea de lo riquísimo que estaba todo.
Pero a lo que voy, que el miércoles por la noche, Jaime y yo (Juan ha tenido que quedarse porque tenía una presentación el jueves y hoy llegaban sus padres) cogimos un bus –comodísimo, por cierto- a Angra dos Reis y luego un ferri para llegar a Ilha Grande, que es algo así como la isla de perdidos o la de Jurasic Park. En el ferri nos abordó un hombre hippioso rastafari diciéndonos que él vivía en una casa grandota en medio de la jungla, y que si queríamos, podíamos alquilar una de las habitaciones. Desayuno incluído (menciono el desayuno porque ha sido muy casero y rebuenísimo. Pedidme que os prepare vitamina de aguacate cuando me veáis).  Había hablado también con un grupo de 6 ingleses la mar de simpáticos y nada, los 9 colina arriba entre la maleza, con maletas y mochilas a la espalda. En chanclas.
Resultó que la casa, a pesar de estar donde da la vuelta el viento, era la mar de encantadora (ver foto above). De madera, sencilla, en plan albergue, pero muy guay. Teníamos una vista preciosa sobre la bahía, y estábamos rodeados de selva, fruta y animalillos. Ese día, la idea era llegar andandito a Lopes Medes (andandito es un decir, eso fue hitch-hike en toda regla), una playa de arena fina y olas…pero nos perdimos por el camino y acabamos teniendo que coger un barco-taxi que nos dejó cerquita, pero no aún allí…así que un poquito más de pateo. Pero fue fanástico, porque vimos monitos y una mariposa de esas azules tan bonitas.
Morpho Didius
Queríamos llegar prontito a casa para cocinar en la barbacoa, pero no tuvimos suerte. Después de comprar los víveres en el pueblo se nos hizo de noche, así que tuvimos que subir hasta casa del rasta a oscuras. Os podéis imaginar el panorama: 8 guiris, 25 minutos a pie, cargando comida –y sobretodo cerveza- por un camino angosto, estrecho, lleno de raíces y embarrado. Nadie se mató de milagro y fue muy, muy gracioso.
Pero la aventura ha tenido lugar hoy. Para empezar, resulta que el catamarán que teníamos que coger para volver a tierra firme se ha roto, así que hemos tenido que buscar otras opciones. Hemos acabado en un barquiño dirección Conceição (la idea era volver a Angra). Una vez allí, la intención era montarnos en el bus que viene de Angra y va a Rio, pero el autobusero ha pasado de nosotros. Segunda putada del día. Pero nada, sonrisa en la boca nos hemos subido en un autobús de línea muy, muy auténtico y nada europeo hasta Itaguaí, que ha resultado ser un pueblucho muy sudamericano, donde hacía un calor tremendo. Allí hemos cogido otro autobús de línea hasta la central de autobuses de Río y allí otro hasta Copacabana, donde estamos ahorita. Precio total del viaje Ilha Grande – Río: R$28,50. Si nada hubiera pasado nos hubiera costado R$70, una experiencia y dos horas menos.
Esta noche nos vamos de fiesta a Lapa con los ingleses.

Cuando regrese a SP os cuento qué me ha parecido esto.

martes, 22 de marzo de 2011

Así en resumen...

Hace bastante que no escribo nada, he estado ocupada viviendo la vida loca. Así en resumen…
1.- Estoy entrenando a vóley con el equipo de la uni (que son muy, pero que muy, muy buenas…como se esperaría de un equipo brasileño) y después del primer entrenamiento me dolían hasta los dedos de los pies. Ahora llevo tres y ya tengo el cuerpo acostumbrado. Y los brazos más duros que una barra de acero.
2.- Este finde me ha visitado Rafa, un amigo que está trabajando en un proyecto cerquita de São Paulo y tengo que decir que nos lo hemos pasado bomba. Me lo llevé de fiesta el viernes y a un bar la mar de auténtico en Vila Madalena con música en directo el sábado, una pena que durante el día lloviera, porque no vio la ciudad. No hay como tener amigos fantásticos...
3.- Estuve en una casa suuuuper chula en la que todo gira en torno al arte. Las paredes son de colores o están pintadas con dibujos, dan conciertos, se juntan para escribir… 5 personas viven allí de manera regular y  usan las habitaciones que les sobran como hostal…muy bohemio, así en general.
4.-Casi muero ahogada en la entrada de una fiesta universitaria (a la que fui con Rafa entre otros), de la cantidad de gente que había. Gracias al cielo que un amigo se puso a dar codazos a mi alrededor, de no ser por él me tendríais esta semana en España. En ataúd. Ese mismo día había fiesta de disfraces en mi uni, y la gente ALQUILA los disfraces, os podéis imaginar lo serio del asunto. Sabiamente decidí revender mi entrada (me había costado 60 R$, más lo que me hubiera gastado en disfraz) e ir al velódromo de la USP, donde las bebidas eran baratas y la música buena.
4.- Se me han caído las chanclas por la ventana. 
5.- Cociné tortilla de patata hace dos días. Está mal que lo diga, pero estaba para chuparse los dedos.
6.- Juan ha vuelto de Chile y estoy muy contenta porque vivir sola es aburrido.
7.- Aún no tenemos sofá, vamos a acabar con Walter.
8.- Acabo de hacer crema de calabacín y está para morirse.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Matar el tiempo

No me fui el lunes pasado, me voy el próximo. Salgo el 7, por asuntos relacionados con la obtención del visado. Así que dispongo de una semana extra en España. Y no estoy en Barcelona sino en Lérida, de modo que tengo mucho tiempo libre. Voy quedando de vez en cuando con los pocos que hay por aquí, pero aún así me quedan muchas horas muertas.
Para matar el tiempo, cocino. Cocino a saco. En mi familia se van a poner como un tonel. En 4 días les he hecho canelones de espinacas, canelones de carne, ensalada de gambas y arroz, guisantes con cebolla y bacon (los tuve que sacar de las bayas y hervirlos, si son de bote no tiene gracia y saben a cerrado), tortillas de patata, de calabacín y hasta de sobrasada, quiche lorraine,  lenguado a la menière y flan de mocha. Y está mal que lo diga yo, pero quedó todo para chuparse los dedos. Mi hermano se relame solo pensar que estoy en casa jugando a las cocinitas. Es poco humilde repetirlo, pero es que soy una cocinera estupenda. Si llego a vieja seré de esas abuelas que hacen pucheros y que parecen tener la vista distorsionada, porque obligan a sus nietos a tragarse raciones exageradas con el pretexto de que están delgaduchos, aunque en realidad son bolas de sebo. 
No cocino pasteles. Los pasteles solo me salen bien cuando estoy enferma. Creo que es porque, como me falta energía, solo puedo hacer una cosa detrás de la otra. En cambio, cuando estoy sana, se me ocurre, por ejemplo, ir a comprar el pan mientras tengo el bizcocho en el horno y cuando regreso, como es evidente, el bizcocho ya no es  bizcocho, es ceniza de bizcocho. Hacer pasteles cuando uno tiene energía es aburrido.

También veo películas. Las veo mientras cocino. De momento van Memorias de África y El paciente inglés. Habré visto Memorias de África al menos 10 veces, pero es que me encanta. Me encantan los paisajes, me encantan Meryl Streep y sobretodo Robert Redford, me encanta la casa en la falda de las colinas de Ngong y la tribu kikuyu. Lo que sigue es una llamada a todos los directores y productores de cine presentes y futuros: Si algún día deciden hacer un remake de la película, llámenme para hacer el papel de Karen Blixen. No me importaría en absoluto tener que lidiar en el rodaje con leones, cocodrilos, elefantes o cobras. Es más, lo haría encantada. Además, mi acento danés hablando inglés es de lo más real, y si tengo que hacerlo en castellano, aprendo a ponerlo, vaya. Os dejo un video. La música es de John Barry, que murió no hace ni una semana.


El paciente inglés me hizo llorar lágrimas de cocodrilo. Entre la peli y que andaba yo cortando cebolla para la quiche, mis lagrimales parecían Yellowstone. Al acabar de verla tuve que ponerme hielos en las bolsas de los ojos, porque los tenía tan hinchados que daba grima verme. La he pintado muy triste, pero es una buena película que hay que ver. Hay que verlas ambas, son películas muy laureadas las dos… claro que eso ya no es garantía de nada.
Y leo, leo menos de lo que cocino y veo películas pero leo. Es que leer es radicalmente incompatible con cocinar o ver películas. Leo en la bañera, y las páginas se me mojan y se arrugan, pero los libros siempre me han gustado más con pinta de usados que nuevos. Ahora estoy leyendo Pulp, la última novela que me queda por leer de Bukowski (sólo tiene 6, leerlas todas no es ningún mérito). Es el autor que dicen que leen los modernikis gafapasta, leedlo aunque solo sea para descubrir su engaño. Yo no lo conocía hasta que leí La senda del perdedor por casualidad mientras hacía tiempo en el café más monísimo de Madrid, El café de la luz, en Chueca. Una cafetería donde hacen un pastel de chocolate para morirse y tienen estanterías llenas de libros que puedes tomar prestados. Y pues nada, me enamoré de lo sucio que llega a ser - el autor, no el lugar. De hecho, a su estilo lo llaman realismo sucio, fíjatetu.  Si Bukowski fuera un color, creo que sería entre amarillo pis y cerveza, amarillo pis con sangre de enfermo de cirrosis. Y si fuera una ciudad, sería Nápoles. Nápoles es hortera, la gente lleva navajas en la calle, son pasionales, está sucia y llena de basura, la pintura de las paredes se cae y existe un color llamado amarillo Nápoles que no es amarillo sino rojo. Lo que pretendía es que dedujerais que tanto ciudad como hombre tienen algo de decadente. Nápoles es mi ciudad favorita de Italia. Es que me encana lo castizo. Y más que Nápoles me gusta la España profunda y casposa, la del tópico de las mujeres con entrecejo, las cocRetas, las alMóndigas y los murciéGalos, la España de Jamón, Jamón o Volver.