Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Familia. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de septiembre de 2011

Mi casita


Como dije en el post anterior, vivo en Sittingbourne. Por el momento durante toda la semana, pero a partir de octubre, solo de martes a jueves.  Es una casita unifamiliar típicamente inglesa: dos pisos, 4 habitaciones, moqueta y backyard. Muy English. Solo verla le entran a uno ganas de tomar un té con leche y galletitas. No entiendo qué tienen los europeos del norte con la moqueta, es una marranada. Además de un horror.
Vivo sola, y de mis compañeros de trabajo, solo Lesley, una señora de unos 50 años, vive en el mismo pueblo que yo. Pero solo son 3 días a la semana y yo soy muy independiente: Me gusta mucho estar sola y tranquila, tener tiempo para pasear, leer y ver películas, no tener que rendir cuentas a nadie sobre mis idas y venidas. Además, estoy en proceso de apuntarme a yoga y clases de portugués, pero antes debo solucionar mis problemas de pareja con el coche. Lo que sí me falta es un perro. A un perro no hay que darle explicaciones. Tengo tiempo para sacarlo a pasear los días que esté allí y jardín para que no se sienta demasiado encerrado el resto de la semana.  Quería traerme a Nuca, la labrador que está en casa de mis padres en San Miguel, pero mi madre no quiere compartirla conmigo. Así que estaba planteándome muy seriamente adoptar un perrito de perrera… ¡hasta que ví que casi me sale más barato comprarme uno en una tienda convencional! Otra opción es hacer de “familia” de acogida (sería mono parental en este caso)  mientras viva aquí, pero dado que solo estoy 3 días a la semana…habrá que ver si me dejan. Tengo visto un mastín gigantísimo al que han llamado Oscar y al que no cambiaría el nombre de adoptarlo, porque Oscar es un nombre genial para un perro. Quizás lo apellidaría Wilde. Que los animales de compañía tengan dos nombres me parece muy gracioso. Imaginadlo: “Oscar Wilde, seu”. Suena muy cuco. Debéis saber que los perros solo hablan catalán. Simón Bolívar también es divertido. “Simón Bolívar, dona’m la pota”. Está claro que solo los perros grandotes pueden llevar nombres así.
Otra cosa que me reconcome son las flores. Si fuera a quedarme aquí plantaría flores en el jardín, pero como solo voy a estar entre 3 y 4 meses, no vale la pena. Además, me dijeron que por lo visto este año va a nevar extremadamente pronto, así que si las plantara, se me morirían en un abrir y cerrar de ojos. Pero no puedo evitarlo, tengo una especie de necesidad urgente y primaria de plantar flores, como si mi vida dependiera de ello…y no es fácil mantenerla a ralla. Creo que si analizáramos el sentimiento en cuestión  se podría concluir que tiene algo que ver con la naturaleza maternal de las mujeres, como cuando en la prehistoria las mujeres recolectaban bayas y cuidaban de los niños mientras los hombres salían a cazar. Del mismo modo, yo necesito plantar flores para hacer más agradable mi hogar para unos hijos que no tengo –y que no tengo intención de tener en el corto plazo-  y alimentarlos con los frutos que esas plantas no van a dar.
Y finalmente, el tema decoración –de algún modo ligado con lo de las flores: Repito que solo voy a estar unos pocos meses, y la casa ya tiene el mobiliario y utensilios básicos. Lo que sí he comprado son sábanas y un par de tazas que, por si teníais alguna duda, son de los mas cursis y 5 o’clock tea time. Quiero decir que son de florecitas rosas. Y en ellas bebo leche con el Cola-cao que me ha traído mi padre este fin de semana, porque la vida sin Cola-cao es menos vida.

lunes, 7 de marzo de 2011

Viaje al Nordeste: 10 días en el paraíso y de cómo se me comieron los mosquitos.

Aviso para navegantes: Lo que sigue es una pijada, quedáis informados.

Papá y mamá (si esto no fuera una pijada de entrada quizás me referiría a ellos como “mis padres”) han venido a visitarme. En realidad han venido papá, mamá, mis hermanos, mi tía Carmina y mi prima Alejandra. Éramos 7: el número de enanitos de Blancanieves, de notas musicales, de hijos de la familia Trap en Sonrisas y Lágrimas, días de la semana y todas esas cosas que también son 7. Y ya se sabe, los grupos de 7 no duermen precisamente en albergues. Va, que empiezo. Espero que os dé una envidia colosal.

 
Primera etapa: Fortaleza-Guajiru-Jericoacoara
Brasil no tiene ley. No la tiene y ya. Acompañados de Paulo, un brasileño la mar de majo (como todo brasileño que se precie), recorrimos en 3 días unos 400 km de playas (inimaginable hacer lo mismo en España) en un defender como el de San Miguel, sólo que capotado. Kilómetros y kilómetros de playa sin fin. Arenas blanquísimas y agua azul oscuro, oscuro…y la vegetación llega casi hasta el agua. Precioso.
Adoro las hamacas, me he pasado los últimos 10 días tumbada en ellas. Tienen truco, que lo sepáis. Hay que colocarse en diagonal para que el cuerpo quede horizontal, de otro modo acabas con la espalda doblada, y eso no es buen asunto.
Guajiru es un pueblecito de pescadores en la costa que me tiene robado el corazón. Esa mañana, las niñas y yo nos despertamos a las 6 y fuimos a pasear por la playa. No es que me esté poniendo romanticona, pero os juro que el mar parecía un espejo. Cuando sea rica me compraré una casa allí. Dentro foto:

Ale y Xavi en Guajirú por la mañana

Jericoacoara es algo así como la meca del Kitesurf en Brasil, y diría que es un hotspot del Kite del mundo. Es un pueblecito chiquitín –aunque más grande que Guajiru- que bien podría ser la versión brasileña, colorida y pequeña de cualquier pueblo de la Costa Brava. Algo así como…pongamos Begur, solo que uno se desplaza en buggy y las calles no están asfaltadas (no me puse zapatos en 2 días, un gustazo). Vaya, que no tiene nada que ver con Begur, pero el espíritu veraniego es similar.
En el hotel en Jeri había sapos gigantísimos que comían bichos de una forma muy graciosa –que de hecho es la misma en la que comen todos los sapos del mundo… Con Xavi y papá cogíamos mariposillas, les sacábamos las alas y se las dábamos a los sapos. Que cruel queda esto ahora que lo veo escrito. Pero el sapo estaba muy contento.
También bebimos capeta, una bebida alcohólica típica de la zona que por llevar, lleva hasta Nescau, que es la versión sudamericana del Nesquik. Rebueno, de verdad. Parece que estés desayunando cuando en realidad es una bomba de relojería. Por cierto, capeta en portugués significa Satanás. Os dejo la receta por si alguien la quiere preparar:

-vodka (mucho)
-leche condensada
-guaraná en polvo (difícil encontrarlo fuera de Brasil, pero nada es imposible)
-2 cucharadas de nesquik
-un poco de canela
-hielo
Mezclar en la trituradora hasta que tenga pinta de sorbete. A disfrutar, pero cuidadín, que parece liviano. Solo lo parece.

Y entre Guajirú y Jeri pasamos por un centro de recuperación de tortugas marinas, conducimos quads, buggys e hicimos algo parecido al snow por las dunas, nos bañamos en lagunas, etcétera.

Segunda etapa: Fernando de Noronha
Fernando de Noronha es un archipiélago chiquitirrín en el atlántico. La isla más grande –y la única habitada, mide solo 5 km de largo. Está a unos 500km de la costa Brasileña y fue descubierta en los 1500s por Américo Vespucio, que creyó que había llegado al paraíso. Tienen que salir y entrar de la isla aproximadamente el mismo número de personas, para preservar el parque nacional marino. Para entrar en Noronha hay que pagar unos 15 euros diarios, la llamada tasa de preservación ambiental. Así que uno puede estar en playas alucinantes y no encontrarse a nadie. Esperad que repito….nadie. No hay cine, ni discotecas, ni siquiera algo que parezca un pueblo. Lo que sí hay es un fondo marino precioso, y como no, hicimos submarinismo. Morenas gigantes y verdísimas, tortugas, barracudas, peces de colorines, pulpos, langostas… molt maco. Y también hay muchos surfistas, por lo visto hospedaron en inicio del campeonato mundial de surf el mes pasado. Alquilamos un barco y pescamos y comimos barracuda. Estoy morenita, morenita. El marinero se ofreció a cuidarme muy bien si iba a vivir con él, pero tuve que rechazar la oferta…Noronha está bien para unos días pero vivir allí me volvería majara.Para que veáis:
Ale y yo en bahía do sancho, F.de Noronha

Pero como en todo, también hay parte negativa. A saber:
1.- Mis piernas están escondidas bajo un manto de picaduras de mosquito. Las tengo hasta en la planta de los pies. No sabía yo que fuera tan dulce.
2.- Me he quedado sin carnaval. Lo sé, lo sé. Estoy en Brasil, el carnaval aquí es épico blablabla… Pensando en positivo, así tengo una excusa para volver. Este país me está enamorando, volveré segurísimo.

Y ayer ví un colibrí y ya tengo piso pero está sin amueblar por el momento, pero os cuento en otra ocasión.

Otro día, más.